Para la experiencia docente la honestidad intelectual es como el dinero a los bancos, si son falsos, se arruina el negocio. Para estudiantes y docentes el plagio debe ser la aberración más despreciable. No puede desarrollarse un sólido sistema de aprendizaje y mucho menos ejercitarse en el arte de investigar científicamente si sostenemos esa práctica en la falsedad y el engaño. El conocimiento siempre es una deuda con los que nos anteceden e investigan en el presente, nadie comienza desde cero.
El plagio tiene tres dimensiones fundamentales a enfrentar: una es legal, la otra ética y una tercera es metodológica. Se debe conocer a fondo la legislación existente sobre la apropiación del trabajo intelectual y la creatividad de otros. Se debe tomar plena conciencia que utilizar el producto intelectual de otros sin reconocerlo es un robo. Por último se debe aprender a utilizar correctamente las fuentes y producir creativamente.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
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